Comida en la calle (V): La “bala fría” de las calles de Caracas (Venezuela)




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En Caracas, la comida callejera es una experiencia del día a día, que se descubre como espejo del folclore urbano, de las necesidades de su gente, preferencias y carencias. Caracas es una ciudad donde puedes tener todo y nada, densamente poblada, con unos atascos que comienzan desde las 6 de la mañana. Por eso, la vida del caraqueño comienza, muy temprano. Para poder llegar a tiempo a cualquier lugar desde las 5 a.m. ya está en pie. Si va en su propio automóvil, en medio del propio atasco y sin bajarse, puede comprar su “cafecito colado”. Más adelante, es posible que complete el desayuno con una empanada (que junto con las arepas son el desayuno favorito de los venezolanos) o un pastelito andino.

 

Para quienes vamos andando por la ciudad, la acera ofrece incluso más abundancia y variedad: besitos de coco y jugos de guanábana, naranja, guayaba o tres en uno, un zumo muy popular de naranja, zanahoria y remolacha.

En la voz cotidiana, a la comida callejera también se le llama “bala fría”. Al contrario de cómo suena, en Caracas una “bala fría” es esa comida en la calle, lo que ingiere cualquier persona, la que engulles rápidamente a la hora del almuerzo, a media tarde, de aperitivo, el fin de semana en el parque, en medio de la compra, cuando se te antoja o después de salir de la discoteca, o cuando no tiene tiempo o dinero para comer en casa o en un restaurante.

En Caracas los gustos son complejos y contradictorios, convive lo tradicional con lo nuevo, lo variado, lo dulce, lo propio y lo adquirido, lo picante, pero sobre todo con ese gusto a calle.

Pero,  ¿cuales son los bocados favoritos? ¿Qué comemos en la calle? El repertorio es amplísimo, pero sin temor a equivocarme, creo que la bala fría favorita de los caraqueños son los perros calientes, que se consumen masivamente en cualquier puesto ambulante. Dichos “perritos” van acompañados con un número inimaginable de salsas y extras.

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En otras regiones podemos distinguir otros elementos más típicos de nuestra cultura gastronómica como los tostones con queso (llamados patacones en la jerga común); cachapas y arepas rellenas de aguacate y pollo, carne desmechada y queso amarillo y otras combinaciones.

También se han instaurado carros de venta de comida cerca de las zonas industriales, que proveen de menús a la hora de comer y parrillas que se ajustan a los bolsillos populares. Así hora tras hora, la comida callejera y el imprescindible “cafecito” acompaña a los caraqueños hasta volver a casa.

La salubridad

En todo y cada momento, debemos ser cuidadosos y hacer caso a nuestra intuición a la hora de aventurarnos con la comida callejera y no enfermar en el intento. Además de la comida callejera, hay una gran variedad de puestos informales y tenderetes a pie de calle relacionados con la venta informal de alimentos, procesados y sin procesar, que no siempre cumplen con la con las medidas “mínimas” de salubridad. Tomando en cuenta, que éstos lugares de comida son frecuentados por un cada vez más amplio sector popular y además, se constituye como fuente de trabajo y sustento de un gran numero de personas, las exigencias son flexibles e insuficientes.

En los últimos años se han hecho algunas campañas destinadas a informar sobre la higiene que se debe tener al manipular alimentos, educando a los vendedores ambulantes y cocineros, supervisando las ventas de comida y mercados.

Desde el punto de vista legal, claramente existe regulaciones sobre el ejercicio de actividades que se desarrollan en áreas públicas, dentro de las que podemos ubicar los kioscos y expendios de comida ambulante. Como ejemplo podemos mencionar, el “decreto reglamentario de la ordenanza sobre el ejercicio de actividades comerciales en áreas públicas en jurisdicción del municipio Chacao del Estado Miranda”.

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Ahora en medio de la crisis, con la escasez de alimentos que forma parte de la normalidad, el gobierno venezolano, decretó en 2010 la prohibición de la venta informal de alimentos en todo el territorio nacional como “una manera de garantizar la correcta distribución de los productos de la canasta básica” tales como la harina de maíz o la harina de trigo, que escasean frecuentemente.

En otro país, se aplaudiría, pero la comida callejera no es solo una aventura, es la ocupación y medio de vida de un porcentaje importante de la población. Además, es parte de la cultura y a pesar de las ordenanzas, de la crisis y del tema sanitario, miles de caraqueños, sucumben diariamente a éste delirio callejero.

Para saber más de cocina venezolana visita:

Círculos de Fuego de Helen López y próximamente el blog de la autora del artículo Liévana Moreno

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