Comida en la calle (XVI): La ilegal pero habitual street food de Madrid (España)


Comida en la calle en el Rastro de Madrid #streetfood The Foodie Studies

En España la venta de comida en la calle está prohibida salvo excepciones. Estas excepciones las regula el ayuntamiento de cada ciudad. Madrid, la capital del país, tiene una estricta ordenanza en la que solo permite llevar la cocina a la calle en fiestas o vender en la vía pública productos que estén envasados. Sólo los churros, la masa frita que los españoles tomamos con el café por la mañana, se salvan de esta tajante prohibición, y es por tradición. También las castañas, que se asan en otoño y que el ayuntamiento de Madrid permite vender a una serie de puestos que deben pagar su canon.

Banderilla street food

Por si era poco, en la calle tampoco se puede beber alcohol. Nada de lata de cerveza en mano bajo el calor abrasador de la ciudad en el mes de agosto. Solo agua o refrescos, que también se pueden adquirir en unos puestos callejeros por los que se cobra canon.

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Sin embargo, la realidad supera las restricciones. Madrid es una ciudad para vivirla desde la calle y por ello ya son muchos los locales que abren un espacio para vender a modo de “take away” sus bocadillos, tostas o paellas. Es más, desde hace un par de años los establecimientos creados para comprar una porción de pizza para comer en la calle han proliferado como hongos. Siguiendo el ejemplo se han inaugurado algunas franquicias para vender bocatas de jamón para comer en la calle, el producto típico español hecho para comer en las aceras.

Tostas comida en la calle

En toda la ciudad solo hay un foodtruck de perritos calientes y eso porque no está instalado en suelo público, sino en el párking de una estación de tren. Siguiendo esta línea de usar el párking de una empresa, también Koldo Royo en su Mallorca montó un camión de hamburguesas, que ahora, sin embargo, tiene el apoyo de todos, incluida las autoridades.

Bocatas a la salida de la disco Streetfood The Foodie Studies

Y hasta aquí lo permitido. No obstante, después de la discoteca a altas horas de la madrugada no hay nada que más apetezca que un bocata de lomo con pimientos. Los bares de la ciudad están cerrados, pero siempre hay algún solícito vendedor que monta su chiringuito para saciar ese deseo. En la propia Gran Vía son muchos los vendedores que de madrugada sacan a hurtadillas de una caja de cartón una cerveza fría para hacer el camino más llevadero de vuelta a casa. Y por la mañana cerca de comercios y mercados, llegan vendedores de frutas y verduras para ofrecer un producto a mejor precio.

mercado en la calle

El día del Rastro, el domingo, la ciudad pide a gritos estar en la calle. Es un mercadillo al aire libre que se llena de gente de todos los lugares y que venden todo lo imaginable, excepto comida. Así que los visitantes entran en bares y tiendas para llevarse consigo el desayuno o el aperitivo, habitualmente una tosta o un bocata y unas aceitunas en banderilla, y seguir disfrutando de los puestos y las gentes en la calle, que las instituciones parecen haber olvidado que nos pertenece a todos y que no es propiedad de ninguna entidad.

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La comida en la calle está de moda en todo el mundo. Por precio, por tradición y por cultura. Pero también es una opción para mejorar los ingresos de las arcas públicas. Quizás por ello, el ayuntamiento de Madrid ha aprobado una nueva ordenanza para permitir cocinar “en la calle” pero solo a empresas y en el ámbito de los mercados. Esta normativa permite también la venta de una gama más amplia de productos envasados —bollos, bocadillos, ensaladas— que hasta ahora que se restringía a los frutos secos, pero siempre que estén etiquetados y preparados por empresas autorizadas.

Croquetas y cerveza

El grupo creado a partir de Acción Foodie -encuentros de activismo gastronómico organizados por The Foodie Studies-, Street Food Madrid, ha solicitado ya una ampliación de la ordenanza para permitir realmente la comida en la calle siguiendo estándares de calidad. Y mientras, todos en Madrid seguimos bocata en mano de camino al colegio o a casa confiando en que algún día pueda cambiar el menú y disfrutar de unos calamares fritos en aceite de oliva servidos en cucuruchos de papel y de una raja de sandía fresca de postre callejero.

Comida en la calle

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