La escasez convertida en magia: el sofrito

La escasez convertida en magia: el sofrito


Aportación Sección Off. Divulgación. I Congreso de Comunicación y Periodismo Gastronómico. Gastronomía de la Escasez.

Por Fédor Quijada Alonso

Hacer de la necesidad virtud. Convertir lo poco en algo imprescindible. Empoderar lo que escasea, el mínimo común diario y, a simple vista, rutinario. Transformar el resultado de un trabajo duro de un campo que no siempre da lo que se siembra en cimiento, en algo básico en el sentido más grande del término, en una constante elevada a música de fondo de sartenes y cazuelas que cobijan la escasez hecha magia resultante de añadir, a lo poco de la alacena, tiempo como elemento transformador tanto de sí mismo como de lo que toca.

El sofrito es el dios de los no creyentes. Humilde, castigado, mal interpretado, omnipresente, poderoso, revelador, transformador y no honrado como se merece.

Olor inhalado con ojos cerrados con un trozo de pan en la mano, apoyada en la espalda, gesto de quien, ligeramente inclinado hacia delante, contempla un cuadro.

Llevarte a la boca poco, apenas cebolla, ajo, pimiento, tomate y tiempo que no se ve pero está, que tiene sabor y que gana presencia cuando lo tangible escasea. Saborear mientras se exhala por la nariz, vaciándose de todo para dejar hueco a la epifanía que se acaba de experimentar. Acompañado con vino, puesto que si con pan lo hemos saboreado, con vino ha de cerrarse esta trinidad.

Porque a veces sí se puede sacar donde no hay.

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