Meritxell Falgueras ha pasado estos días por Madrid. Entre entrevistas para la radio, presentaciones oficiales, reuniones y promoción como embajadora de la Barcelona Wine Week likes the City nos tomamos un café cerca de la Gran Vía. Me espera tranquila hablando por teléfono. Llego 10 minutos tarde porque la conciliación me la jugó, pero ella lo entendió. De hecho, en su libro Mujeres del vino. ¿Y la señora también tomará vino? (Planeta Gastro, 2025) es una de las primeras cosas que desvela y que me hace sentir del mismo club. Los mensajes de whtasapp y mails a deshoras, en los ratos de los que puedes disponer, que solo entendemos quienes esperamos el sueño de los otros para cumplir el propio.
Falgueras siempre es directa y honesta y quizás por eso su mensaje deja en ocasiones perplejidad. Recuerda en su conversación que las mujeres del vino son «hijas de», porque el vino se suele heredar. Según sus cifras, alrededor del 40% de las firmas son legado familiar, que, por cierto, «recae casi siempre en los hombres». Los mismos que les piden hablar con «el» jefe y que les piden que limpien las copas o el stand en su lugar.
Estas cifras y otras más alarmantes como que el 65% de las mujeres han sentido el síndrome del impostor, proceden de un estudio realizado por la asociación Mujeres del Vino que impulsa junto a su fundadora, Anne Cannan, para el que contaron con las entrevistas de más de 200 profesionales mujeres en el sector del vino en España.
Meritxell mientras me cuenta lo que unas y otras le fueron contando en sus entrevistas se interrumpe a sí misma para preguntarme si conozco el Celler de Gelida —la tienda de vinos de su familia y su núcleo vital— o cómo me va en la Universidad. Cuenta lo suyo y quiere escuchar, aunque pocas veces, me confiesa, escucha lo que ella denuncia en su libro Mujeres del vino, el abuso por parte de un profesional reconocido. Cree que hace falta un #metoo en el vino. Añado que en la gastronomía en general y aunque ella es reticente a pensar que pueda suceder, yo estoy segura de que ocurrirá.
Su libro es como habla. Pasa de una historia de una mujer del vino a otra, para luego contar su experiencia vital, sus emociones y sentimientos. Una no-ficción que podría ocupar muchas páginas más. Me ha fascinado conocer a tantas mujeres de las que no tenía ni idea y también que sea de manera informal, casi de cotilleo. Así habla de Marimar Torres, la madre de Cristina Torres, que entrenaba a las seis de la mañana con música de Madonna y dan ganas de seguir leyendo, pero enseguida pasa a hablar del mansplaining del periodista Jordi Estadella cuando entró en la radio y rompió la cuarta pared haciendo una cata con la audiencia. Recuerda sus logros en la tele y en los medios, en sus estudios tanto universitarios como específicos del vino y en la capacidad que ha tenido siempre para divulgar y de saber qué es lo que vendrá (escribió un libro de bebidas sin alcohol en 2017, un tema hoy muy de actualidad pero que en aquel momento le supuso una avalancha de críticas y otra de insultos).
Meritxell dice con sinceridad que de pequeña quería ser Isabel Mijares, la primera enóloga y la primera en dirigir una bodega en España. Yo alucino porque me parece que son muy distintas, pero entonces recuerdo la voz de Mijares mientras hilaba un torrente de historias entre risas. Hablaba claro y alto. «Tienes el miedo de un viejo», le escuché decir un día a uno de sus compañeros de cata. Mijares y su narrativa propia del vino, repleta de metáforas visuales, que según Meritxell eran las imágenes emocionales que ayudaban a entender el vino. «Utilizamos las armas que tenemos», dice Meritxell, que destaca de Isabel Mijares lo profesional y seria que era a la vez que simpática y divertida. «Decía las cosas con una sonrisa», añade.
El próximo 2 de febrero de 2026, la Barcelona Wine Week (BWW) acogerá la segunda edición de los premios Isabel Mijares con múltiples nominadas en las categorías de Mujer comunicación / divulgación; Directora de bodega; Mujer enóloga; Mujer sommelier; Nuevo proyecto / Mujer nueva generación; Mujer del año (innovadora, inspiradora); Mujer comercial de vino / Brand Ambassador; Mujer viticultora; Mujer chef · wine lover (Chef #winelover); Mujer en enoturismo (incluida al menos en la edición 2026) y Mujer en eno-investigación.
Estos premios van de mostrar una comunidad en la que la autora de Mujeres del vino pone toda su fe y de la que asegura está unida «como ese hilo invisible que nos une a todas las mujeres y con el que tejemos nuestra tribu de supervivencia emocional».
Aquí algunas cifras que ella misma destaca en el libro:
- Un 90 por ciento de nosotras ha presenciado, o sufrido, comentarios ofensivos o comportamientos machistas.
- Un 74 por ciento ha asistido a un evento del sector en el que casi no había ninguna mujer.
- Al 62 por ciento las han tratado de manera diferente por su género en negociaciones o reuniones.
- Un 57 por ciento se ha sentido invisible, como si sus opiniones o logros fueran subestimados o ignorados.
- El 54 por ciento ha tenido que escuchar comentarios paternalistas, y a un 47 de las mujeres las han interrumpido o ignorado.
- Un 80 por ciento de las mujeres encuestadas cuentan con un grado universitario y/o posgrado o superior y su edad se encuentra entre los 35 y los 54 años. Solo un 15 por ciento son directivas.
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