Por Santiago Rotaeche, terapeuta y fundador de MMS (Este artículo forma parte del número 8 de The Foodie Studies Magazine)

No beber en Madrid a la vez que uno intenta mantener el tipo en un mundo en el que quien no es cool no es nadie es el más difícil todavía. Los locales saltan del Gin Tonic de autor al vaso de agua del grifo y como dijo el otro día un instagramero: «necesitamos una palabra entre sobaco y axila».

Me llamo Santiago Rotaeche y hace mas de 20 años que cerré el grifo de la Mahou y con el toda la batería de estupefacientes que adornaban mis nights out.

Durante unos años abandoné los escenarios nocturnos para no caer en la tentación protegiendo mi sobriedad como los caballeros de la mesa redonda al santo grial, pero ya reconvertido a abstemio de religión decidí volver a salir para poder disfrutar de la sofisticación que teóricamente la ciudad gata había adquirido en mi ausencia (yo la dejé con el Sol lleno de travestidos alternando con la vieja España; Pachá recibiendo a los más guapos buscando a las más guapas y Malasaña distribuyendo los últimos gritos del indie español).

Tengo 50 años y hay épocas que consigo no tener tripa. Es en esos momentos donde aprovecho para rescatar mi ropa hippie chic: pantalones estampados, chalecos de Londres, camisas hand made y botines de colores.

A través del amor me he introducido en el mundo del arte madrileño y no hay una sola inauguración en la que no tenga pase VIP. Soy cool, soy terapeuta, conozco personalmente a William Kentridge y distingo un Gordillo de un Alcolea, pero en el opening los pobres camareros las pasan canutas para darme un vaso de agua, que por supuesto es del grifo y en vaso de cartón, los vidrios se los reservan para los caldos riojanos, de esos que no falte, no se vaya a incomodar el personal.

Con el pantalón estampado mojado porque el vaso de cartón ha cedido al líquido elemento nos vamos a cenar a un bistró cercano que algún gourmet ha piropeado en cualquier web michelin. Ese es el momento donde tengo que explicar detalladamente y con buenos y razonados argumentos por qué no bebo alcohol. A veces salgo de ese engorro preguntando al personal por qué no consumen heroína, con la paz que da y entonces algunos comprenden la impertinencia de su interrogatorio (otros no tanto) y la cena ya puede empezar.

Me gusta cenar con Coca Cola, fíjate que tontería, infantil que se ha quedado uno. Este capricho tiene su precio. Primero tengo que sortear las miradas condescendientes de los somelieres aficionados que me acompañan en la velada, alguno hiperventila ofendido por mi osadía de mezclar una tapita de diseño con las burbujas americanas, ajeno e ignorante al hecho de que yo bebía el vino por botellas, no por copas y que no sabe de la que se está salvando y cuánto tiene que agradecer a la distribuidora de Atlanta el apañito que me está haciendo.

Pero ahí no se queda todo, 9 de cada 10 jefes de sala ignoran la reacción química de la mezcla de mi Coca Cola del tiempo con el hielo. El gas se esfuma y ahí me tienes devolviendo botellas, quedando como un maniático loco o condenado a la sin gas que hoy por hoy mucho éxito comercial no tiene.

 

Reconozco que se está haciendo un esfuerzo con el agua con gas. Yo se lo agradezco, aunque sea simbólicamente, a uno le gusta que piensen en uno.

Pero era mejor antes. Antes pedias agua con gas y tenían un par de botellas de litro y medio, ahí, almacenadas desde cuando se inventó. Los alcohólicos, aunque ya no bebamos alcohol, seguimos bebiendo mucho y las dos botellas caían sí o sí.

Ahora la oferta es ilimitada, incluso tienen carta de aguas, pero las sirven en unas botellitas de 20cc y el pobre camarero o se queda a servir solo mi mesa o a mí se me hace el plato bola. Por caridad bendita vuelvan al litro y medio!!

Por encima y por debajo de todo esto somos cada vez más los abstemios y este negocio se acabará amoldando a la demanda sin salvarse, como todos los demás, de perder márgenes pues a día de hoy casi todas están en el alcohol.

Santiago Rotaeche estará en conversación con las expertas en gastronomía Yanet Acosta y Cris Silva en la tercera sesión del Congreso de Comunicación y Periodismo Gastronómico dedicado a Hablar de beber, el próximo 27 de noviembre de 2023 a las 19 horas.

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