Pese a que han tenido que pasar 20 años para que Robert S. Coale, profesor de la Université de Rouen-Normandie, hiciera pública su investigación «colateral» sobre la manera de comer y de entender España a través de la comida de los voluntarios de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil española; los estudios culturales de la gastronomía, también conocidos como Food Studies, se siguen abriendo paso en la academia universitaria europea e iberoamericana a través de Congresos como el que se celebró este verano en París.

Del 17 al 19 de junio de 2026, la Université Paris Nanterre acogió el XVI Congreso Internacional Nuestro Patrimonio Común, bajo el título «Entre saberes y sabores: comer, beber, vivir en el mundo hispánico». Organizado por el CRIIA de Paris Nanterre, la Universidad de Cádiz, la Asociación de Historia Actual y la alianza Paris Lumières, el encuentro reunió a más de una treintena de investigadores de universidades europeas y americanas para pensar la alimentación desde perspectivas culturales, sociales, económicas y políticas, entre los que se encontraban el grupo de profesores académicos de The Foodie Studies; Yanet Acosta, Javier Rueda, Nuria Jimenez y Yaiza Bocos.

Yaiza Bocos, de la Universidad de La Laguna, presentó «Manos que recuerdan. Subjetividad y saber implícito al comer». Su investigación puso en primer plano una idea especialmente poderosa: el conocimiento no siempre viene de fuera ni se articula primero mediante palabras; también parte del propio cuerpo. Cuando las palabras fallan, cuando la memoria verbal se deteriora, comer puede seguir siendo una forma de recordar.

La investigadoradel Instituto de Productos Naturales y Agrobiología del CSIC, Nuria Jiménez, quien centró su presentación en «Mujeres rurales y patrimonio biocultural alimentario en el norte de Tenerife: continuidad cultural y transformación gastronómica», recuperó la figura de la gangochera y puso en el centro sus voces, sus cuerpos y sus prácticas. Mujeres que articularon el territorio mediante una infraestructura cotidiana de cuidados, comercio y reciprocidad. Según defendió, sus saberes y habilidades constituyen verdaderos archivos culturales vivos, conservados en los cuerpos y en las prácticas aunque muchas veces no hayan dejado huella en los archivos institucionales.

Yanet Acosta Meneses, de la Universidad Rey Juan Carlos, quien presentó «La receta como herramienta comunicativa. El caso de los recetarios escritos por mujeres en Canarias en los siglos XIX y XX», puso sobre la mesa la comunicación intergeneracional a través de los cuadernos de recetas manuscritos. Su trabajo sobre las recetas manuscritas canarias y su proyecto de archivo muestran que el objetivo de la receta no solo fue el de ofrecer unas instrucciones para elaborar un plato sino una herramienta comunicativa para otras mujeres no solo de su generación sino de las venideras.

Javier Rueda de la Universidad Complutense de Madrid presentó «De salones, cafeterías, chocolaterías y demás delicias: el papel de las mujeres en los espacios comerciales del comer y beber en compañía» a través del que mostró un análisis de la segregación de los espacios gastronómicos permitió observar cómo el producto servido también puede revelar quién ocupa un determinado lugar: dime qué sirves y te diré quién viene. Según Rueda, la historia de la alimentación aparece atravesada por el género, la clase y el espacio.

Los profesores participaron en la mesa «Sabores con memoria: narrativas gastronómicas, género y territorio» en la que también ofrecieron sus trabajos de investigación Mónica del Arenal, de la University of Texas at Austin, y Federica Marzioni, quienes pusieron, respectivamente, en relación la gastronomía y la arquitectura de la cocina a través del ejemplo de México, así como el pensar la cocina no solo como lugar de preparación de alimentos, sino como un espacio habitado en el que se distribuyen tareas, responsabilidades, afectos y formas de poder.

Además se presentaron durante los días del congreso otros trabajos relevantes como el de Diana Burgos-Vigna, profesora de Estudios Latinoamericanos de la Université Paris Nanterre y secretaria general del Institut des Amériques, quien abordó la relevancia de incorporar la protección del maíz en la Constitución mexicana. Giulia Danei, investigadora especializada en historia cultural y religiosa del mundo hispánico, mostró cómo el uso del pulque, la chicha o el maíz en rituales católicos fue denunciado como paganismo. Por su parte, Chrystelle Fortineau-Brémond, profesora de Lingüística Hispánica en la Université Rennes 2, cuestionó una idea aparentemente evidente: la gastronomía española no existe como una realidad estable y homogénea. Su reflexión invita a entender aquello que llamamos “gastronomía española” como una construcción plural, histórica y cambiante, atravesada por territorios, lenguas, prácticas e imaginarios.

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