La gastronomía en la literatura


Desde la Epopeya de Gilgamesh en la literatura hay tres constantes: el sexo, la comida y la muerte. Tanto la muerte como el sexo son temas que se captan al instante por el lector, sin embargo, la comida pasa desapercibida, como un recurso menor dentro de la trama. No obstante, cuando el lector se detiene puede percibir que muchos de los pasajes en los que se habla de gastronomía en la literatura, no son ni fortuitos ni gratuitos.

Gastronomía y literatura

A través de la gastronomía los autores consiguen describir un personaje sin decir, ya que lo que comemos y cómo lo hacemos, nos define. También se consigue a través de la gastronomía describir una sociedad o dar una opinión directa o indirecta sobre ella.

En ocasiones, las novelas tienen un objetivo didáctico en lo que a cocina se refiere y por ello aparecen recetas o nombres de platos con los que los personajes se deleitan o se disgustan porque les recuerda a algo. Y es que la comida es un estado de ánimo y también son muchas las ocasiones que a través de ella se puede acercar al lector en qué situación se encuentran los personajes.

Además, los momentos de la comida, especialmente los de la cena, son idóneos para que una acción o un encuentro, que será crucial para el resto de la trama, ocurra.

Otras de las utilizaciones de la gastronomía en la literatura pueden ser para mostrar la violencia o, simplemente, para contraponer la violencia a la normalidad vital con la que se recibe.

En las novelas el hambre también es gastronómica, pues a través de los ojos de un personaje hambriento se desata el deseo de comer y una mirada que va más allá mostrando la injusticia. La ironía y el humor también pueden introducirse en pasajes gastronómicos y, en ocasiones, puede ser hasta una forma de cómo medir el tiempo.

1. Desayuno, almuerzo o cena: momento álgido de una novela

El momento elegido por los escritores para determinar un momento álgido de sus novelas suele ser la cena. En el caso de Extraños en un tren de Patricia Highsmith, el momento central es el encuentro de sus dos protagonistas, dos extraños que cenan juntos en un tren.

“El camarero con una bandeja cubierta con una tapadera de peltre en un instante les instaló la mesa. El aroma de la carne asada sobre carbón vegetal le dio ánimos. Bruno insistió tanto en pagar la cuenta, que Guy accedió a ello sin oponer más resistencia. Para Bruno había un enorme bistec cubierto de setas; para él, una hamburguesa”.

2. Identificar al personaje por lo que come y cómo lo come

Ya viene de la literatura clásica identificar a los personajes por lo que comen. El caso más conocido es el del Quijote, al que Cervantes define en el primer párrafo del libro por lo que comía:

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”.

También lo hace  Joyce para dar a conocer a su personaje principal en Ulises:

 “El señor Leopold Bloom comía con deleite los órganos interiores de bestias y aves. Le gustaba la sopa espesa de menudillos, las mollejas, de sabor a nuez, el corazón relleno asado, las tajadas de hígado rebozadas con migas de corteza, las huevas de bacalao fritas. Sobre todo, le gustaban los riñones de cordero a la parrilla, que daban a su paladar un sutil sabor de orina levemente olorosa”.

Es magistral como define también su personaje desde el primer capítulo del francés Jean-Patrick Manchette en su novela Fatal. Se trata de una guapa mujer rubia, que pese a tener una imagen delicada, comiendo en la intimidad revela quién realmente es:

“Abrió la tapa del calientaplatos y apareció la choucroute. La mujer se dedicó a engullir col picada, salchichas y tocino. Comía a grandes bocados, rápido y haciendo ruido. Le resbalaba salsa por las comisuras de los labios. Algún trozo de col que se le escapaba del tenedor o de la boca iba a caer al suelo o bien le quedaba colgando del labio inferior o de la barbilla. Los dientes de la mujer eran visibles durante la masticación, porque los labios le quedaban recogidos. Bebió champán. Terminó muy pronto la primera botella. Cuando descorchó la segunda, se pinchó el pulgar con el alambre y le brotó un poco de sangre escarlata. Hipó porque ya estaba borracha, se chupó el pulgar y se tragó la sangre”.

3. Identificar la sociedad

Los comentarios de los personajes de una novela sobre la cocina, los restaurantes o simplemente sobre las dotes culinarias pueden mostrar cómo es una sociedad. En el caso de Vivir de Noche de Dennis Lehane, una novela negra inspirada en los años 20 en Estados Unidos, un gánster le pregunta  a su chico sobre su nueva novia:

-¿Sabe cocinar?

-Sí -afirmó Joe, aunque la verdad es que no tenía ni idea.

-Eso es importante. Da igual si lo hacen bien o mal, lo que cuenta es que se pongan.

En El largo adiós de Raymond Chandler aparece este afilado comentario en boca de uno de sus personajes:

“Los americanos se comen cualquier porquería con tal de que esté tostada, sujeta con un par de mondadientes y se le salga la lechuga por uno de los lados, mejor aún si está un poquito lacia”.

 4. El deleite de lo que se come. La función pedagógica

Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán es uno de los personajes que más deleita con  los platos que comemos con él en sus novelas. Guisos catalanes, platos del resto de España, de Argentina o de Tailandia. De ellos, nos ofrece cómo saben o incluso cómo se hacen, pero también en sus palabras hay una función pedagógica, no solo con la comida, sino también con el vino -tanto de calidad como popular- o con los cócteles, como el Singapur Sling, uno de sus favoritos.

Salvo Montalbano, el inspector del escritor italiano Andrea Camilleri, hecho a imagen y semejanza de Carvalho, también deja muchas escenas de deleite y de pedagogía culinaria. En La forma del agua, por ejemplo, dice:

“Le sirvieron salmonetes de roca fresquísimos, fritos hasta quedar crujientes y dejados un rato sobre papel de estraza para que soltaran el exceso de aceite”.

5. Las recetas

Hay muchas recetas de platos en la literatura. Sin embargo, si hay una receta rupturista y provocadora es la que da Herman Melville en Moby Dick:

“Las marsopas están consideradas como plato exquisito desde el punto de vista gastronómico. La carne se prepara en bolas del tamaño de las de billar, y si se sazonan bien con especias pueden ser tomadas por albóndigas de tórtola o cordero, (…) En el caso de la pequeña ballena espermática, sus sesos son considerados un plato delicado. La parte superior del cráneo se rompe con un hacha, y se retiran y se mezclan con harina, con lo cual quedan convertidos en un manjar cuyo sabor es parecido a la cabeza de ternera”.

6. La violencia

En la cocina se viven algunos momentos violentos, pues en el plato siempre hay un ser muerto. Desde matar a un pollo hasta a un pez puede tener una carga violenta dependiendo de los ojos que lo mire. En el caso de Qiu Xialong en Muerte de una heroína roja son los cangrejos de río los que nos ofrecen un particular episodio de crueldad dentro de la normalidad:

“Hay que mantener los cangrejos de río bien alimentados hasta su muerte. Conservarlos en cubos llenos de sésamo. Así no pierden peso. Es un alimento muy nutritivo para ellos”.

Un momento importante para entender cómo es Driver, el personaje de la novela de James Sallis llevado al cine en 2011 por Nicolas Winding Refn, es el siguiente:

“A Driver no le sorprendió que, una noche, mientras cenaban, su madre se levantara y se acercara a su viejo con un cuchillo en cada mano, el del pan y el de trinchar carne, como si fuera una ninja con delantal a cuadros rojos. Cuando quiso dejar la taza en la mesa, ella ya le había cortado una oreja y le había dibujado una gran boca en el pescuezo. Driver lo vio todo y siguió comiéndose el sándwich de paté con mermelada de menta. Las dotes culinarias de su madre no daban para más”.

Y él cuando mata también pone su parte culinaria:

“Driver dejó la caja con la pizza grande de pepperoni, doble de queso y sin anchoas sobre el pecho de Nino. La pizza olía bien. Nino no”.

7. Estados de ánimo y comida

En Con el agua al cuello de Petros Markaris, la esposa del inspector de policía entra en una gran depresión en medio de la depresión económica griega. Su esposo Kostas Jaritos ve su recuperación de la siguiente manera:

“Adrianí está completamente recuperada. Mi diagnóstico no es fruto de un estudio psiquiátrico o simplemente médico, sino de mi olfato. Encima de la mesa de la cocina hay una gran fuente de tomates rellenos”.

También la comida muestra el cambio de estado de ánimo de Fran, uno de los protagonistas de Los años del coma de Marisol Torres:

“Los años del coma fueron también los años de la verdura al vapor. Sólo comía eso. Cada día. Durante diez años”.

Hasta que un día volvió al chuletón y, entonces, se levantó y salió del coma.

8. La comida como forma de medir el tiempo 

En El mapa y el territorio de Houellebecq, la gastronomía es el indicador del paso del tiempo de una persona. Cuando es joven y con éxito, el protagonista Jed Martin disfruta con su amante del pollo con cangrejo de Limousin en un restaurante de moda dirigido por una pareja gay. De unas vieiras a la sartén con souflé de rodaballo a la alcaravea con nieve de pera en un restaurante de un hotel con encanto. Y, en soledad, de una botella de agua mineral noruega de lujo o de un Gewürzstraminer.  Pero termina sus días solo con productos lácteos y azucarados.

“La cercanía de la muerte torna humilde a un hombre”, dice el escritor en boca del protagonista.

En Los hombres te han hecho mal de Ernesto Mallo, la comida también mide el tiempo en los últimos momentos de una persona:

“Los viejos vamos de comida en comida. Ya no trabajamos, no arreglamos la casa, no tenemos nada de que ocuparnos, dependemos de los demás para todo. Comer es la última actividad vital que nos queda. El problema es con qué llenar el tiempo entre una y otra comida”.

9. El hambre

Charles Dickens en Oliver Twist, una novela que es semilla del género negro, pone el hambre como el dispositivo que abre el camino de la delincuencia a un joven, que tras comer gachas diarias en el orfanato, en su primer trabajo, solo alcanza a las sobras, pero sin carne, “para poder dominar mejor al muchacho”. Pero cuando llega a la mesa de  los delincuentes, ve que en ella no falta el pan, la cerveza ni la manteca.

En Últimos días en el puesto del Este, Cristina Fallarás lleva al ser humano hasta su lado más oscuro y es el hambre la que desata pasiones y muertes por una rata o por la mezcla de agua, cal y manteca para simular la leche.

10. El canibalismo

En muchas novelas aparecen episodios de canibalismo. Uno de los más potentes es el de La Odisea de Homero, cuando el cíclope engulle a dos de los acompañantes de Ulises :

“Echando a mis hombres la mano, agarró a dos de ellos como a unos cachorros y a tierra los lanzó y su cerebro saltó y salpicó todo el suelo. Y sus miembros cortó y preparóse con ellos la cena. Como un león montaraz los comió sin dejar nada: ni intestinos, ni carne, ni huesos, ni médula”.

11. La ironía a través de la gastronomía

La gastronomía es un instrumento para la ironía y el humor. Así lo demuestran novelas gastronómicas como Gran Soufflé de Lola Piera o El chef ha muerto, en el que se puede leer un episodio como el que sigue:

La azafata le entrega el paquete de cacahuetes y el refresco.

—Que lo disfrute, señor.

Ven pinta una mueca bajo el bigote. No se le ocurre cómo podría disfrutar de nada que se ingiera si no sabe como sabe. Baja la mirada y se entretiene leyendo el listado de ingredientes del paquete de cacahuetes: sorbitol (uno de los supuestos laxantes según Sofriti), almidón modificado de patata (un transgénico, advierte la guía del italiano) y con el resto ya se pierde: goma arábica, harina de arroz, extracto de levadura, levadura en polvo, azúcar caramelizado, dextrosa, aroma (sin especificar), especias (tampoco se especifica cuales), cebolla en polvo (¿para qué necesitan unos cacahuetes esto?), sal y cacahuetes. Por suerte, también cacahuetes.

 12. Conclusiones

Tras este estudio se pueden observar las siguientes conclusiones:

  • La utilización de la gastronomía no es fortuita en la literatura, ni en las obras clásicas ni en las actuales.
  • La gastronomía es una herramienta literaria válida para:

-Identificar personajes.

-Identificar una sociedad.

-Centrar una acción.

-Pedagogía culinaria.

-Método de medir el tiempo.

-Contraposición a la violencia a través de la cotidianidad.

-Mostrar cambios de estado de ánimo de los personajes.

-Ironía y humor.