Podría parecer sencillo. La mejor manera de homenajear a una cocinera creativa y agitadora es comiendo una de sus recetas. Pero la acción Li Mona de la Fundación FoodCultura del pasado lunes de Pascua 6 de abril de 2026 para recordar a una de sus fundadoras junto al artista Antoni Miralda estuvo tan bien hilada que parecía rozar la cuadratura del círculo.
Montse Guillén, fallecida hace ahora un año, era conocida en casa como Lili o Li y una de sus primeras creaciones fue Delicias de Llimona (Delicias de limón):
En 1978 fui a Meranges -un pueblecito de la Cerdaña- para ayudar a mi madre en la cocina de Can Borrell, el restaurante de mis padres.
Un día nos quedamos sin postres y se me ocurrió uno muy rápido y sencillo, con pocos ingredientes y que tuvo mucho éxito.
Lo llamé «Delicias de limón».
Mezclamos en un recipiente un bote pequeño de leche condensada, tres yogures naturales, el zumo de tres limones y raspaduras de limón. Lo enfriamos en la nevera (debe estar muy frío) y lo servimos en copas individuales decoradas con una rodaja de limón en el borde.
En su memoria se sirvieron en mitades de limón procedentes de Todolí Citrus Fundación, un proyecto de Vicente Todolí, quien no solo fue el director de la Tate Modern de Londres, sino uno de los camareros en el Internacional Tapas Bar & Restaurant —proyecto artístico y primer restaurante de tapas en Nueva York creado por la pareja Antoni Miralda y Montse Guillén entre 1984 y 1986. Más recientemente Vicente y Montse intercambiaban desarrollos de mermeladas de cítricos como parte del experimento mediante el que el comisario valenciano atesora 500 variedades de todo el mundo en su Huerto Botánico El Bartolí en su localidad natal, Palmera, en Valencia.
El lunes de Pascua es el día de las monas en Barcelona, cuando los padrinos y madrinas agasajan a sus ahijados y ahijadas con pasteles adornados con huevos, plumas y pollos, o con figuras de chocolate. Y de ahí, la Li-Mona que coronó con plumas algunos de los cítricos enviados por Todolí que luego se rifaron entre los amigos y conocidos de la cocinera.
Cuando Miralda conoció a Montse estaba trabajando precisamente en la Mona como un monumento más de Barcelona, una instalación en la que 21 pasteleros, entre ellos, Escribá, realizaron 24 monumentos de Barcelona, entre ellos la estatura de Colón, que forma parte también de otro de sus trabajos denominado Honeymoon, la boda simbólica entre la estatua de la Libertad y la de Cristóbal Colón, que este año cumple 40 años. En conmemoración acaban de publicar un libro con una selección de 300 cartas de amor que Montse Guillén pidió en el programa Un, dos, tres (según Miralda recibieron 3.000).
En la mesa-altar Li Mona tampoco faltó otro de los símbolos de la cocina de Montse. El picantón (un pollo pequeño) insertado en una lata de cerveza Moritz de color amarillo apetitoso que se cocinaba así directamente en el horno. Un plato/escultura, una innovación del clásico pollo a la cerveza, a la vez que una provocación (todavía hoy meter un pollo al horno con una lata de cerveza es motivo de estupefacción). Esta fue la ofrenda de su amigo Salvador Capdevila, quien estuvo veintiún años al frente de la Asociación de Comerciantes de la Boqueria.
—Le vendí muchos como estos en mi parada—me dice mientras se le pierde la mirada—. En el altar en memoria de Llorenç Torrado, gran amigo de Montse, llevé una liebre. Le encantaba—sonríe y entonces me atrevo a hacer la pregunta fatídica, la que le habrán hecho mil veces: «¿Qué fue de La Boquería?»
—La sociedad ha cambiado simplemente y ya no va a mercados. Ni a La Boqueria ni a ningún otro.
Entonces llega Carles Poy, comisario que también trabajó con Montse Guillén, y entre ambos terminan de insertar el pollo en la lata, con la colaboración de Miralda.
Sobre la Infinity Table —réplica de la mesa que Miralda creó para la exposición universal de Hannover 2000—, se despliega el original del Fanzine Mermaid´s Library, un publicación que presenta la biblioteca de MG como mapa de sus investigaciones realizada por la investigadora Yaiza Bocos de FoodCultura, en colaboración con la cocinera y fanzinera Sofía Piqueras, impulsora de Mis amigos los fogones. Entre los espacios de su biblioteca me detengo en el de los Íntimos, libros heredados de su madre como Carmencita o la buena cocinera. Su hijo Alen Coll Guillén observa la página del proyecto Gambas On Wheels.
En la sede de FoodCultura en Poblenou (Barcelona) hoy solo están los amigos, familiares y conocidos más cercanos de Montse. Es una conmemoración de aniversario con el objetivo de recopilar recuerdos de Montse que alimenten el libro que FoodCultura está elaborando sobre ella. Muchos de esos recuerdos son regalos, recetas o cartas y dedicatorias. Pero otros solo están en la memoria y para que poder recogerlos el Big Boy sostiene un teléfono móvil dispuesto a grabar las confesiones de quienes se acercan. Yo también lo hago, porque aunque nunca fui su amiga, todo su trabajo ha estado presente en mi labor de periodista. Recuerdo las conversaciones que teníamos por teléfono. Lo que me contaba sobre su trabajo y sobre la creación del FoodCultura. En aquellos años yo escribía mucho sobre la cocina española de vanguardia, pero Montse Guillén (MG) me ofrecía otra cara de lo que suponía investigar e innovar en la cocina.
Quienes deseen colaborar con el archivo/libro que se está creando sobre la trayectoria creativa de MG pueden enviar sus aportaciones a la Fundación a través de este Cuestionario
Quienes deseen saber algo más sobre MG aquí está su web y la reseña de su libro de autora junto a Mireia Sentís, Gustos&Colores.
